En el lodazal de Maranello, el barro es rojo. Lo que nadie sabe es el color de la soga de la que tirar para salir de aquí...

En la película de Stanley Kubrick “Teléfono rojo: volamos hacia Moscú“, el Mayor T.J. “King” Kong, encarnado por el inconfundible actor Slim Pickens, cabalga sobre una bomba nuclear que está a punto de caer sobre el suelo que defiende el Ejército Rojo. Así está ahora mismo Alonso, a punto de hacer estallar una bomba de relojería que puede dejar perdido de metralla los dominios deMontezuma.

Al Virutas le hubiera gustado regalarle al de Oviedo una ídem mucho más divertida en el día de su 32 cumpleaños, pero los mimbres disponibles para contar lo que vemos no son los mejores. El bicampeón empezó su cuarta temporada vestido de rojo con un coche prometedor. El Lego2012 del pasado año, malparido como cuando el alien le salió de la barriga al astronauta de la peli, hizopasar las de Caín a sus progenitores y a pesar de ello, se sometió al resto de la manada durante casi medio año con aquel pepino cojitranco.

En realidad aquel moniplaza, con pinta de pato colorao, no era más que un carísimo laboratorio para desarrollar el que este año debería ser un coche ganador. Tras las dos primeras pruebas algún responsable de equipo ajeno llegó a decir que Ferrari tenía el mejor coche, pero esa sensación duró poco. El coche no es que sea malo, es que parece incluso más lento que al principio de la temporada, especialmente si lo comparas con el evidente avance del resto. Hasta McLaren mejora y se cuela en la zona de puntos cuando en Australia se les cayó el alma a los pies cuando se vieron a casi dos segundos y medio de los mejores.

El año pasado el aborto móvil que conducía Fernando empezó peor que mal en Jerez y poco a poco Pat Fry y sus chicos fueron haciéndolo un coche digno. De hecho en estas fechas veraniegas el coche estaba casi a la par de los mejores. Acabó desinflándose con la llegada del otoño y finalmente el asturiano palmó otro Mundial en beneficio del rubiales jugador de bádminton.

En buena lógica el F138 debería haber crecido en esta dirección y ritmo pero a pesar de haberle proporcionado dos victorias a la gente de Maranello, tal y como afirma el ingeniero Gary Anderson en las últimas carreras, Alonso acabó segundo en Canadá, tercero en England, cuarto en Alemania y quinto en Hungaroring ¿Será sexto en Spa? Esperemos que no y que la parada biológica le siente bien al conjunto, pero el coche no daba para mucho más.

Se nos antoja lejano aquel tiempo, en que de manera imparable, Alonso siempre avanzaba puestos en carrera. En Hungría salió quinto, y quinto acabó. Habrá quien piense que siempre puede ser culpa del piloto, pero si miramos al concurso de su compañero Felipe Massa, que corría en igualdad de condiciones, palmó una plaza con respecto a su salida… o sea, que tampoco tenía material con el que dejar atrás a otros. Conclusión a bote pronto: el coche no corre.

En 2012 el de Oviedo hizo, probablemente, el mejor año de su vida. Cuando ganaba de calle con Renault, tenía un coche parejo, a veces superior, a veces inferior, al de Schumacher, pero con posibilidades. En el olvidable año de McLaren tuvo un coche superior y por una mala gestión de equipo, se perdieron las dos coronas en Woking. En su retorno a Renault nunca tuvo un coche verdaderamente bueno. Si acaso en la segunda mitad de 2009, no fue malo del todo, pero si aceptable. Ya en Ferrari probablemente su mejor año haya sido el pasado.

No hace el mejor año el que gana con coches buenos; hace un buen año el que lo hace con coches malutos, y en trece ocasiones su Lego estuvo a más de un segundo del poleman. Sin embargo acabó a tan sólo tres puntos del a la postre Campeon, Sebas Vettel.

Alonso no perdió su tercer Mundial con los porrazos que le arreó Grosjean, ni por tener un mal coche, que era más malo que un dolor de muelas. ALO palmó su tercera corona un sábado de septiembre en Monza. En el Gran Premio de Italia hizo cuarto en los Libres 1, tercero en los Libres 2, segundo en los Libres 3 y cuando le tocaba hacer pole (o cuando menos segundo) en el cualifáin, en un lamentable error estratégico de su gente salió tarde a pista en su Q3 y acabó clasificando… décimo. En un alarde de pilotaje acabó nada menos que tercero. De haber salido segundo o tercero, que era lo que merecía, hubiera -muy probablemente- avanzado al menos un puesto en el podium, y Vettel sería a día de hoy “solo” bicampeón.

Ocurre, ay, que el Alonso de 2013 no es tampoco el de 2012. El abandono de Malasia al romper su ala delantera fue verdadera mala suerte, pero el que pega por detrás es el que tiene siempre la culpa. Lo de Mónaco tampoco fue un alarde. En el circuito en el-que-es-imposible-adelantar a él le pasaron no uno ni dos, sino tres payos. Esto, en alguien que aspira a un título Mundial no es que sea imperdonable, sino que hace que un título se aleje como la botella de un náufrago en día de tormenta. Ahora en El Ejército Rojo parecen perdidos, recalan en tierra de nadie y nada hace pensar que este año puede ser el año que en principio prometía.

A todo esto se une un elemento perturbador: Red Bull, donde le han dao boleta al corista Webbo que se pira a Le Mans de la mano de Porsche y dejan un goloso asiento libre. Que si Kimi, que si Ricciardo, que si incluso hay quien ha sentado a Carlos Sáinz Jr.

La liebre la levantó el Sport Bild y todos pensamos que estaban fumaos. Luego fue SkyTV, que suelen ser prudentes con lo que dicen. La catarata llegó más tarde con unos pocos medios más de cierta solvencia. Si empezó chispeando, ahora ya es tormenta, y la idea era la misma: Alonso y Red Bull andan en trataduras para ver si el año que viene le cambiamos el color de la gorra.

Precisamente hasta la gorra debe estar el chaval viendo que el cuarto año de colorao, o mucho cambia la cosa y le dan un coche que sea al menos medio segundo más rápido que el del resto, o ve, como vemos todos, que Frigodedo -si nada lo impide- se puede levantar su cuarta corona. ALO está hasta la pera y desde hace muy poco, antes de Hungría, empieza a criticar de manera solapada y tenue a su equipo, algo que nunca había hecho antes. El matrimonio hace aguas, y la charleta que su mánager ha mantenido con Horner, huelen a que todas las partes hablan el mismo idioma.

Por su parte Luís García-Abad niega la mayor y afirma que sólo ha hablado de otro de sus representados, y Horner también lo niega, pero unos reporteros lo cogieron, se lo llevaron detrás de su motorhome, le metieron una paliza en plan macarra napolitano y confesó que quieren a los mejores pilotos y que las conversaciones con todos ellos son confidenciales y secretas… o sea, no lo niega del todo.

La bomba de relojería puede estallar bajo el serete de Domenicali y acabar de costarle el puesto siEl Nano se les pira. Dejaría Maranello como un erial, con Massa de primer espada, a menos que arranquen de los brazos de Mercedes a Rosberg, una de las pocas opciones que pudiera estar dispuesta a aceptar una mudanza. El piloto no niega nada de manera tajante y no enarbola la bandera del yo-me-quedo-aquí-hasta-después-del-diluvio y Montezemolo escribe cartas digitales pidiendo unidad y que los intereses de cada cual han de estar subyugados a la parte contratante.

Hay un elemento de juicio extra, algo que ha pasado muy desapercibido a los ojos de casi todos, y es que han ocurrido ciertos movimientos interesantes, de valor medio, y que nadie encaja demasiado bien en todo el escenario. Brawn se marcha de Mercedes y le deja los trastos a Toto Wolff, Lauda y Paddy Lowe. La pregunta del millón es ¿a donde se marcha? ¿a su casa? ¿a Red Bull? ¿ vuelve a Ferrari de donde salió con cajas destempladas cuando nombraron director a Domenicali cuando creía que el puesto sería suyo?

Otro hilo del que tirar es el fichaje de Pat Symonds por parte de Williams. El británico fue el fontanero de los títulos de ALO en Renault, el currito, el que se trabajó la gloria de la que alardeaba Flavio. Ferrari funcionó como un reloj suizo tras mucho ajustar lo que armó Schumacher. Le dieron todo lo que pidió y les devolvió a los italianos cinco títulos.

Cuando el de Oviedo llegó a Maranello intentó hacer lo propio y allí le dijeron que se limitase a lo suyo, a correr y a quedarse calladito. Pidió que le trajeran a muchos técnicos de su confianza, como por ejemplo Paul Monaghan, un tipo con el que tiene una química muy especial. Su última solicitud fue la de Symonds y que haya acabado en Grove no es sino signo de que no el quieren ver por Maranello. Parecen temer a los angloparlantes en la tierra de Dante Alighieri, aquel tipo que escribía sobre el infierno.

Si añadimos a todo esto ese rumor que apunta que que la formación ha llegado a cierto entendimiento para que Vettel tire pallá en 2015 y que esto ha sido compuesto sin el conocimiento del primer espada, el panorama empeora y se enturbia aun más.

Negativa tras negativa, escasez de resultados, temporadas perdidas, y el mejor piloto de la parrilla peleando por un quinto puesto. Si este año se lo lleva Vettel, será sencillamente porque lo ha hecho mejor. Habrá pilotado mejor, mejor habría sido su coche, mejor habrán currado sus mecánicos y mejores habrán sido las decisiones tomadas por el siempre educado Horner y mi el poco admirado Helmut Marko. Con una planta así ¿como no va a querer irse allí hasta el más zoquete? Es normal. Es lógico. Es lo que quería cualquiera que desee ganar.

Lo único que no es rojo en Maranello son las nubes, que suelen ser pardas tirando pa negras. Nadie parece contento, y el GPS de la Scuderia no indica un camino claro y evidente. Todos sufren, algunos más en silencio que otros. 

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